A través de Constanza, te adentrarás en un viaje emocional donde cada herida, cada silencio y cada decisión te invitan a mirarte por dentro. Este libro no busca darte respuestas… busca acompañarte mientras encuentras las tuyas.

DETALLES DEL LIBRO:
Año de publicación: 2026
No. Páginas: 259
Serie: El lenguaje de las piezas (2/3)
Sinopsis: Una mujer. Un secreto. Un regreso inevitable.
Constanza creía haber dejado atrás el pasado, hasta que una llamada la obliga a volver al pueblo donde todo se rompió. Allí la esperan recuerdos, culpas y decisiones que marcaron su vida para siempre.
Las piezas rotas es una novela emotiva sobre el duelo, la maternidad, la pérdida y la sanación. Un viaje íntimo al corazón de una mujer que debe enfrentarse a su historia para poder empezar de nuevo.
Personajes de Las piezas rotas
En el universo de Las Piezas Rotas, cada personaje carga con fragmentos de su propia historia: recuerdos que pesan, silencios que esconden verdades y una búsqueda interior que, de una forma u otra, termina conectándolos.

Constanza
Nuestra protagonista es una mujer de 54 años que parece tener una vida tranquila, pero cuyo corazón guarda heridas del pasado. Su regreso al pueblo donde creció la obliga a enfrentar recuerdos, culpas y decisiones que marcaron su juventud. Su historia es un viaje de perdón, sanación y reconstrucción interior.
Dato curioso: El trabajo social de Constanza no es solo su profesión, sino el canal que concibió el autor para ponerla frente a su historia personal y convertir la ayuda a otros en su propio camino de sanación.

Marcelo
Marcelo, esposo de Constanza, es su refugio y su mayor apoyo emocional. Sereno, comprensivo y profundamente leal, representa el amor maduro que no exige, sino que acompaña. A su lado, Constanza encuentra la calma necesaria para enfrentar sus heridas y comenzar, lentamente, a reconstruir su historia.
Dato curioso: El nombre de Marcelo refleja a la perfección su papel en la historia: derivado de raíces que evocan la fuerza y la protección, él representa esa calma firme y leal sobre la cual Constanza logra sanar su pasado.

Mirian
Mirian es la amiga de la infancia de Constanza. Cercana, empática y profundamente leal, representa esas amistades que resisten el paso del tiempo y las distancias. Su reencuentro despierta recuerdos compartidos y le recuerda a Constanza que algunos vínculos, aunque se transformen, nunca llegan a romperse del todo.
Dato curioso: Para Mirian, su nombre no es solo una etiqueta, sino un reflejo de su identidad. Al compartir el nombre con su madre, el personaje busca honrar su memoria encarnando día a día las dos virtudes que más la definían: una lealtad inquebrantable y una profunda dulzura.

Saúl
Saúl, hermano mayor de Constanza, fue una presencia protectora y luminosa en su infancia. Su trágica muerte dejó una herida que marcó profundamente su vida. Aunque pertenece al pasado, su recuerdo sigue guiando silenciosamente sus emociones, decisiones y la forma en que enfrenta el dolor.
Dato curioso: El nombre de Saúl nace de la vida real. El autor lo tomó prestado de un amigo de su hermano mayor a quien solía usar para bromear y molestar a su hermano en la infancia, inmortalizando esa anécdota en la novela.
Lugares de Las piezas rotas
En Las piezas rotas, el pueblo no es solo un escenario: es un reflejo íntimo del duelo y la reconstrucción que atraviesan sus personajes. Silenciosa pero presente, acompaña cada paso de Constanza, filtrándose en sus recuerdos, en sus ausencias y en los pequeños gestos que intentan recomponer lo perdido. Entre espacios cotidianos y rincones cargados de significado, cada lugar se convierte en un fragmento emocional: un eco de la maternidad, la pérdida y las decisiones que, pieza a pieza, van trazando el camino hacia la sanación.

El pueblo
El pueblo simboliza el origen de Constanza, un lugar cargado de recuerdos de infancia, juegos y primeras emociones. Para ella, es un espejo de su pasado, donde se mezclan la nostalgia y la conciencia de cuánto ha cambiado desde aquellos días inocentes. Cada calle y cada árbol son testigos silenciosos de su historia familiar y de las raíces que, aunque dolorosas a veces, la sostienen.
Dato real: La ambientación de la novela tiene un lazo muy profundo con las raíces del autor. La historia cobra vida en Macarapana, un valle situado en Carúpano, Venezuela, el lugar que lo vio crecer y que hoy renace en las páginas del libro.

El anfiteatro
Este anfiteatro simboliza la conexión y la confianza que surgen al compartir los propios dolores. Para Constanza es un espacio seguro donde puede abrirse, ser escuchada y confrontar sus heridas junto a Sebas. Es un lugar de sanación compartida, donde las conversaciones se convierten en puentes entre el pasado y el presente, y donde empieza a comprender que la vulnerabilidad puede ser también un acto de fuerza.
Dato real: Aunque el parque que aparece en las dos primeras novelas es un espacio real, el anfiteatro en su interior es ficticio. El autor lo diseñó a la medida para convertirlo en el refugio perfecto para los encuentros entre Constanza y Saúl.

El rio
El río representa la pérdida y el duelo más profundo de Constanza. Es el lugar donde su mundo se fragmenta con la muerte de Saúl, un espacio de dolor que marca un antes y un después. El árbol sembrado en su memoria transforma ese dolor en un símbolo de vida y continuidad: un recordatorio de que, aunque algunas piezas se rompen, otras pueden crecer y florecer, conservando la presencia de lo perdido de manera tierna y permanente.
Dato real: El río Chuare es una localización auténtica. Fluye a través del valle de Macarapana y sirve como uno de los referentes geográficos reales que conectan la novela con el pueblo donde creció el autor.

El mercado
El mercado es un espacio de descubrimiento y encuentro inesperado. Allí, entre el bullicio de vendedores y aromas cotidianos, Constanza encuentra un libro que se convierte en catalizador de su creatividad y de su proceso de introspección. Representa la posibilidad de reescribir su historia, de tomar sus experiencias —heridas incluidas— y transformarlas en palabras, iniciando así un camino de autoconocimiento y expresión personal.
Dato real: El mercado que aparece en la novela no es producto de la fantasía: es el histórico Mercado Municipal de Carúpano, un rincón real que el autor incluyó como una caricia de nostalgia hacia el lugar que lo vio crecer.
¡Cuando el dolor se vuelve amor!
Ser lectora cero de esta secuela, continuación de La pieza faltante, me ha brindado una esperanza renovada. La sensibilidad con la que se reconstruye la vida de Constanza nos recuerda que el vacío puede sanar. Es un testimonio de cómo la voluntad, al abrirse al afecto, transforma el dolor en amor y significado.
— Jannin Castellano
¡Entre grietas y perdón!
Como lectora cero, viví una experiencia transformadora a través de personajes con profundas capas humanas. Con Constanza, descubrí el peso de lo no dicho y las grietas de la felicidad aparente. Esta obra no es solo un relato, sino un espejo de nuestras búsquedas y del poder del perdón.
— Oralys Palacios
Una historia humana que toca el alma
Las Piezas Rotas es mucho más que una historia de amor; es un relato humano y lleno de enseñanzas con el que es fácil identificarse. Me marcó su reflexión sobre cómo la mente puede hacernos más daño que la realidad, además de la evolución de sus personajes y el valor que le da a la amistad verdadera. Un libro muy recomendado. ¡Gracias, Carlos, por otra bella historia!
— Marilyn González
Hay libros que se leen y libros que se sienten
Las piezas rotas fue de los que sentí muchísimo. Desde las primeras páginas supe que esta no iba a ser una lectura más. La historia de Constanza —esa mujer que ha construido una vida que parece completa, hasta que el pasado toca la puerta y la obliga a mirar de frente todo lo que dejó enterrado— me atrapó de una forma que no me pasaba hace mucho tiempo. Carlos González tiene esa capacidad rara de escribir el dolor sin golpear, de nombrar la culpa, el duelo y la necesidad de perdonarse sin que se sienta forzado, sino profundamente humano.
— Alex Teverino

