Lo que aprendí de Sebas al escribir «La Pieza Faltante»

Escribir una novela nunca es solo inventar una historia. Es, en muchos sentidos, dejar que los personajes nos enseñen cosas que quizás no habríamos descubierto de otra manera. Con La Pieza Faltante, encontré en Sebas no solo al protagonista de la historia que pretendia contar, sino también a un espejo que me obligó a mirar hacia adentro.

Sebas me mostró que los personajes no nacen para tener todas las respuestas, sino para hacernos las preguntas correctas. En su proceso de búsqueda, en sus silencios y contradicciones, descubrí ensenanzas que no están pensadas como consejos de un maestro, sino como verdades sencillas que emergen de alguien que aprendió a vivir con sus heridas.

Hoy quiero compartir con ustedes algunas de esas lecciones de vida que me dejó su voz:

No huir del dolor.

A través de Sebas entendí que las heridas no se cierran con la negación. Su historia me recordó que mirar de frente lo que duele es una forma de darle nombre y, poco a poco, restarle poder.

Los lugares importan.

Cada espacio que recorre Sebas tiene un peso emocional. Al escribirlo, confirmé que los lugares no son neutros; nos afectan, nos transforman, nos contienen o nos asfixian. Aprendí a elegir con más cuidado los sitios que habito en mi propia vida.

La compañía también es refugio.

Mientras daba vida a sus diálogos y vínculos, noté cómo él resistía a ser acompañado… hasta que comprendía que no siempre se puede con todo. Yo también aprendí que dejarse ayudar no es perder fuerza, sino ganarla.

No castigarme por el pasado.

Sebas me enseñó que la culpa es una prisión de puertas abiertas; basta con decidir salir de ella. Lo que ya pasó no se borra, pero puede resignificarse.

Encontrar valor en lo pequeño.

Los gestos cotidianos que sostienen a Sebas —un café, una conversación sincera, una caminata breve— me recordaron que la vida no se salva en grandes actos, sino en esas piezas pequeñas que encajan cuando más falta hacen.

Ser fuerte y frágil al mismo tiempo.

Quizás la enseñanza más profunda que recibí al escribirlo es aceptar la contradicción; ser fuerte no significa no quebrarse; ser frágil no significa no avanzar. Somos ambas cosas, y eso no nos resta, nos completa.

Hoy, al mirar hacia atrás, entiendo que La Pieza Faltante no solo es la historia de Sebas; también es una conversación íntima conmigo mismo, y tal vez, con cada lector que se atreva a acompañarlo.

Si alguna de estas lecciones de vida resonó contigo, en las páginas de la novela encontrarás mucho más; silencios que hablan, heridas que buscan sanar y espacios que se convierten en refugio.

Te invito a descubrir la historia completa de Sebas en La Pieza Faltante. Quizás, al leerla, encuentres también una pieza que estabas buscando en tu propio camino.



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