Hay historias que uno planea escribir… y otras que simplemente se imponen, como si estuvieran esperando el momento justo para encontrar la puerta de salida. Mi primera novela, La Pieza Faltante, pertenece a ese segundo grupo.
Recuerdo el instante en que la idea apareció; no fue frente a mi escritorio con una taza de café humeante a un lado, fue en medio de un momento de pausa, de esos que parecen insignificantes, pero en los que tu mente conecta con esas historias que llevaban tiempo sueltas. Así, nació el deseo de contar una historia que, además de entretener a los lectores, inspirara a las personas a redescubrir su esencia y encontrar un propósito de vida.
Pensé en todas las personas que han pasado por mi vida, en las que se fueron, en las que llegaron sin previo aviso y en las que aún persisten a mi lado. Pensé en las pérdidas, en las búsquedas, en la idea de querer dejar un legado y, por supuesto, en esa sensación tan humana de sentirme incompleto.
Esa fue la semilla, pero las semillas no crecen solas; se nutren de recuerdos, de emociones, de largas madrugadas de escritura, investigación y reescritura. Hoy, soy consciente de que cada personaje tiene un pedazo de mi propia historia y, al mismo tiempo, una vida propia. Sebas, Miguel, Nancy y Constanza no son solo nombres; son miradas, decisiones, heridas y esperanzas, nacidas tanto de mis vivencias como de la inspiración que encontré en las personas que conozco.
La Pieza Faltante no nació para dar respuestas, sino para abrir preguntas. Para recordarnos que, a veces, lo que creemos que nos falta no es lo que necesitamos encontrar.
Si es la primera vez que escuchas sobre mi novela, te invito a descubrirla sin prisa, con la mente abierta y el corazón dispuesto. Y si ya la leíste, quizás entiendas por qué no fue solo una historia que escribí, sino una que también me escribió a mí.
¿Cuál ha sido tu propia “pieza faltante”? Déjamelo en los comentarios y sigamos esta conversación.


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